Ya vimos lo que funciona, lo que no, y ahora vamos a ver cómo hacerlo bien:

1. Selección de aceites esenciales con rigor

  • Tipo de planta, especie, quimiotipo.
  • Análisis de composición (terpenos, cetonas, ésteres, etc)• Pureza, certificado, control de calidad, almacenamiento adecuado.
  • Relación aceite ↔ efecto esperado (por ejemplo, acción antiinflamatoria,ansiolítica, analgésica) — revisa la literatura reciente. (PubMed)

2. Definición de protocolo

  • Vía: inhalación (difusor, stick, inhalador personal) o tópico (diluido en aceite base).
  • Dosis: número de gotas, porcentaje de dilución, volumen total.
  • Frecuencia y duración: por ejemplo “2 min de inhalación tras despertar”, “1 gota+ 5 ml aceite de base en antebrazo dos veces al día durante 7 días”.
  • Monitorización: efectos subjetivos, parámetros (TA, HR, estado de ánimo), tolerancia.

3. Integración en plan mayor y terreno

  • Considera el terreno fisiológico del paciente: pH tisular, estado redox, perfil inflamatorio, carga de estrés, medicación concurrente.
  • Por ejemplo: si buscas modular ansiedad, conecta el protocolo aromático con control de cortisol, ritmo circadiano, buena higiene de sueño.
  • Si trabajas con dolor, la aromaterapia entra como co-adjuvante al plan de rehabilitación, no como única solución.

4. Precauciones y contraindicaciones

  • Pacientes con atopia o dermatitis: probar dilución mínima, test de parche.
  • Embarazo, lactancia, pediatría: muchos aceites no tienen estudios sólidos en esos grupos; usar con prudencia.
  • Interacciones farmacológicas: aunque no abundan estudios, aceites pueden modular enzimas hepáticas o vías metabólicas — mantener comunicación con equipos médicos.
  • Calidad del ambiente: ventilación, control de difusión, evitar saturación en espacios cerrados.
  • Riesgos específicos: fototoxicidad (cítricos en piel expuesta al sol), toxicidad oral, inflamaciones. (PMC)

5. Comunicación con paciente/usuario

  • Explica que la aromaterapia es complementaria, no sustituta.
  • Clarifica expectativas: mejora de síntomas y trabaja la causa desde el terreno, no “cura milagrosa”.• Transparenta lo que se sabe (beneficios), lo que no (límites) y lo que se está investigando.
  • Fomenta registro de efectos, feedback y ajuste del protocolo según respuesta.

Conclusión

Si queremos que la aromaterapia sea reconocida como una disciplina seria dentro del bienestar y la salud , necesitamos que cada protocolo esté bien montado, bien documentado, bien comunicado. Con eso, transformamos “olfato bonito” en “terapia basada en datos y terreno”. En nuestras formaciones y consultorías, es el camino que usamos para elevar el estándar.