La aromaterapia científica está llena de promesas bonitas, aromas encantadores y expectativas altas. Pero desde un enfoque riguroso —como el que tú propones— conviene bajar a tierra y ver dónde flaquea: dónde hay huecos, limitaciones, riesgos.

Esto no es para espantar pacientes, sino para empoderar al profesional y al usuario. Aquí vamos.

1. Evidencia débil o inconsistente para muchas indicaciones

Las revisiones sistemáticas históricas han mostrado que, más allá de una mejora puntual en ansiedad o dolor, no hay todavía un volumen de evidencia alto que permita afirmar que la aromaterapia cura enfermedades específicas. Por ejemplo, una revisión de 12 ensayos concluyó que los efectos en ansiedad eran leves, transitorios, y que no había evidencia sólida para otros usos. (PMC) Otro análisis mapeó la evidencia y concluyó que muchas indicaciones tenían “poco o insuficiente” respaldo. (PubMed)

Para ti, esto significa: cuando formules protocolos o consultorías, dejar claro que la aromaterapia es complementaria, no sustitutiva de lo que te dé el médico.

2. Calidad, variabilidad, protocolo débil

Los aceites esenciales no son todos iguales. Factores como la especie botánica, quimiotipo, método de extracción, almacenamiento, dosis, vía de uso, dilución, pureza… afectan su acción. Una revisión reciente subraya que la heterogeneidad es grande y que eso dificulta sacar conclusiones firmes. (Queen’s University Belfast)

Desde la línea de formación científica, este es un punto clave: aprender la importancia del control de calidad, análisis bioquímico, dosificación, y protocolo por vía/inhalación frente a tópico. Algo que enseñamos en nuestro Instituto.

3. Precauciones, riesgos, contraindicaciones

“No todo natural es seguro”. Por ejemplo: aceites pueden provocar dermatitis de contacto, reacciones alérgicas, fototoxicidad, toxicidad oral si se ingieren sin supervisión. (PMC) Asimismo, un artículo advierte sobre posibles efectos adversos en la salud cardiopulmonar en algunos usos no controlados. (Asociación Americana del Pulmón) Así que, como profesional que eres, es fundamental incorporar “estado de terreno”, interacciones farmacológicas, contraindicaciones (embarazo, lactancia, pediatría) —como lo hacemos en IAC— para evitar “uso alegre” sin base.

4. Expectativas vs realidad

Si alguien entra al mundo de aceites esenciales esperando “cura rápida” o “solución milagrosa”, va a frustrarse o peor: ya que los Aceites Esenciales no curan, equilibran el terreno, son moduladores y puede desviar su tratamiento principal. Esto no es culpa de la aromaterapia per se, sino de cómo se comunica y se usa.

Conclusión

La aromaterapia científica tiene muchísima promesa… pero también muchos “peros”. Y esos peros no son para descartarla, sino para usarla con cabeza.